lunes, 30 de mayo de 2011

BIENAVENTURADO AQUEL QUE TIENE CONVICCIONES

Convicciones son creencias firmes. Lo de bueno de tener convicciones es que sirven para dar dirección a su vida. Santiago habla de aquel hombre que duda. El dice que “es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parta a otra” (Santiago 1:6). Siendo que estoy un poco alejado del mar, yo puedo comprender mejor lo que él dice pensando de las muchas veces que he visto una bolsa de nylon vacía en una ruta. El viento de cada auto que pasa la lleva de aquí para allá. A veces es llevada alto y despacito y baja para ser llevada otra vez. El que no tiene convicciones tiene poco control sobre su vida. Es semejante a la bolsa llevada por el viento. Proverbios 25:28 dice: “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda”. Antiguamente una ciudad sin muros estaba sin defensa. Sus enemigos podían entrar y robar fácilmente. Así es el hombre sin convicciones. El puede ser tentado fácilmente. El está sin defensa. Es un hombre cuyo espíritu no tiene rienda. El está controlado por sus pasiones carnales como la bolsa que está controlada por el viento. Lo que parece ser más excitante y divertido es lo que hace. Resulta que invierte su tiempo y su dinero en lo que no rinde ningún beneficio permanente. De continuo, está viajando en una montaña rusa. No tiene control sobre donde va. Está llevado por doquiera que el cochecito lo lleve. Un viaje en una montaña rusa siempre termina donde empezó. Al final, no llega a ningún lado.

El que carece de convicciones está engañado. Piensa que está tomando sus propias decisiones. No se da cuenta de que está gobernado por sus deseos. El no está razonando. Dice, “voy a hacer esto porque es divertido o porque me da una linda sensación”. Al contrario, el que tiene convicciones toma decisiones sobre lo que es más prudente. El se pregunta; ¿qué rendimiento habrá si hago esto? También se pregunta; ¿es justo, es honesto, otros sufrirán si hago esto? El creyente maduro se pregunta, ¿Dios me lo permite? ¿Está prohibido por Dios?

Así su vida va tomando dirección. El toma sus decisiones basadas sobre razones más altas que únicamente lo que le da más placer. El, como el Apóstol Pablo, puede decir“prosigo a la meta” (Filipenses 3:14). No es que él no puede pensar más en su propio bienestar. A veces el hacer lo recto y bueno exige un sacrificio de nuestra parte, pero Proverbios 28:20 dice: “El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones; mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa”. No todo depende de nosotros. Dios también se preocupa por los suyos. El Salmo 68:19 dice “Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación”. 

El que tiene convicciones hace lo que hace porque está plenamente convencido de que es lo recto y bueno. Hay los que intentan vivir la vida cristiana sin tener convicciones propias. Puede ser porque quieren disfrutar del beneplácito de otros cristianos o lo de su novio/a. Casi siempre esto termina en un fracaso. Si su estilo de vida no brota de sus propias convicciones, exige un gran esfuerzo por su parte. 

Un creyente maduro espiritualmente es aquel que tiene sus propias convicciones. Mientras que crecemos en nuestro conocimiento bíblico añadimos más convicciones a los básicos que cada buen creyente debe tener. Nos hace falta convicciones bíblicas. Hay muchos en el mundo que no son ladrones pero, ¿por qué? Si dicen, no me conviene robar porque, a lo mejor, voy a estar detenido y castigado, entonces no es una convicción bíblica.

Hermano, tenga tus convicciones propias. Pero deben ser creencias firmes. Si dice no más, “a mí me parece que esto o aquella está mal”, es una indicación de que no es una creencia firme. Es como un compromiso que tomamos con nosotros mismos. Es poner dirección en tu vida. Jamás llegarás a la madurez espiritual si no tienes tus propias convicciones.

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